GAITÁN
9 de Abril: la misteriosa madeja del destino. La muerte
de este hombre altera mi vida. Cuando lo mataron, yo ni siquiera había nacido a
una conciencia de ser. Era el fruto bastardo de unas bodas entre la ignorancia
y una ideología fetichista fundada sobre el mito y la mala fe, que lo único que
tenían de bueno era la inocencia en que se inspiraban.
Yo contaba entonces 16 años y tanto el pensamiento como la
vida me eran frutos prohibidos. Lo poco que sabía entonces se me había enseñado
partiendo de una moral basada en el terror al infierno. Quizá Gaitán había sido
arrojado del altar de mi familia como un camarada del demonio, pues sólo hasta
ese viernes de 1948 oí por primera vez mencionar su nombre: Habían asesinado a
un caudillo en Bogotá. ¡Se llamaba Jorge Eliécer Gaitán! Y la radio empezó a
tronar los ecos fatídicos de una revolución tardía y frustrada cuyos himnos
eran de muerte.
