23 abr 2012

23 DE ABRIL,
100 AÑOS DE LA MUERTE
DE RAFAEL POMBO

EL BAMBUCO
Aire y baile popular de la Nueva Granada
(Colombia)

I
Para conjurar el tedio
De este vivir tan maluco
Dios me depare un bambuco,
Y al punto, santo remedio.

Buena orquesta de bandola
Y una banda de morenas,
De aquellas que son tan buenas
Que casi basta una sola.

Y aquí de los granadinos!
Venga el cometa dragón!
Veremos el encontrón
Sin dársenos tres cominos.

Lejos Verdi, Auber, Mozart!
Son vuestros aires muy bellos,
Más no doy por todos ellos
EI aire de mi lugar.

"Mal gusto" diréis, tiranos,
Más yo en mi gusto porfío,
Qué bueno o malo, es el mío
Y el de todos mis paisanos.

Ningún autor lo escribió,
Más cuando alguien lo está oyendo,
El corazón va diciendo,
“Eso lo compuse yo”.

Y bien se ve que no miente,
Pues hijo de padre tal,
Es como triste y jovial,
Quejumbroso, inconsecuente.

Nadie lo hizo, porque nos
Disfrutamos del derecho
De recibirlo ya hecho
Todo de manos de Dios.

Vino y pan, tienda y colchón
El ·árbol sabe ofrecernos,
¿Por qué no ha de componernos
El viento nuestra canción?

Justo es que nadie se alabe
De inventor de aquel cantar
Que es de todos, a la par
Que el cielo, el viento y el ave.

Del Carchi hasta Panamá·
Nuestros niños lo adivinan.
Nuestros pajares lo trinan
Y en nuestras brisas está.

Es el lamento que lanza
El genio de estas regiones
Por tantas generaciones
Que vi morir sin venganza.

Una melodía incierta
Intima, desgarradora,
Compañera del que llora
Y que al dolor nos despierta.

O una risa de placer,
Instadora, turbulenta,
Que arrebata, que impacienta
Con eléctrico poder.

Un retozo tan simpático,
Que en contagiosa locura
No consiente ceja dura
Ni melindre aristocrático.

Nuestros rústicos con él
Cantan al recién nacido,
Y él les sirve de gemido
De una tumba en el dintel.

Parabién o funeral
Del que nace o del que muere:
Ya solemne miserere,
Ya cántico bacanal.

Doma con él los rigores
De su Filis un patán,
Mejor que el mismo don Juan
Con su almanaque de amores;

Y cuando a su desdeñosa
Feroz castiga el salvaje
Propinándole el brebaje
De la tonga ponzoñosa,

Ella, en fatal zamacuco
De erótico frenesí,
Corre y danza aquí y allí
Tarareando el bambuco.

Hay en él más poesía,
Riqueza, verdad, ternura,
Que en mucha docta obertura
Y mística sinfonía;

Y así respóndele fiel
El corazón donde llega:
Con él el alegre juega
Y el triste llora con él

Mágico el más obediente,
Camaleón musical,
Siempre el mismo original,
Pero siempre diferente.

Eterna variación
En que hallamos por instinto
Acento fiel y distinto
Para cada sensación;

Porque ha fundido aquel aire
La indiana melancolía
Con la africana ardentía
Y el guapo andaluz donaire.

Su ritmo vago y traidor
Desespera a los maestros;
Pero acá· nacemos diestros
Y con patentes de autor.

Tesoro de pobres es,
Y ¡ay! que nadie se lo quita,
Mientras su voz lo repita
Y lo ejecuten sus pies.

Y si ordenase un tirano
La abolición del bambuco,
Pronto vieran cuán caduco
Es todo poder humano.

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